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La cultura de una organización no se encuentra únicamente en sus declaraciones de propósito o en sus valores corporativos. Se expresa, sobre todo, en las decisiones, relaciones y conductas que se repiten cada día.
Cuando se pregunta a una empresa por su cultura, la respuesta suele estar contenida en un documento: propósito, valores, principios y comportamientos esperados. Es la versión oficial de aquello que la organización declara ser.
La cultura real, sin embargo, se encuentra en otro lugar. Está en la manera en que se toman las decisiones, se ejerce el liderazgo, se comparte la información, se reconoce el trabajo y se enfrentan las tensiones cotidianas.
También se manifiesta en detalles que rara vez aparecen por escrito: qué comportamientos se celebran y cuáles se ignoran; cómo se resuelve un asunto importante cuando nadie está mirando; qué prácticas se toleran, aunque contradigan los valores declarados; y qué temas, pese a ser conocidos por todos, nunca llegan a ponerse sobre la mesa.