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Los procesos organizan el trabajo y las relaciones permiten que ese trabajo ocurra. La forma en que las personas conversan, discrepan, piden ayuda y enfrentan los errores influye directamente en la coordinación y en los resultados.
Si la cultura es el ambiente que se respira en una organización, las relaciones son su expresión cotidiana. Se manifiestan en la forma de plantear una diferencia, compartir información, entregar retroalimentación o abordar una conversación difícil.
Muchos problemas diagnosticados como falta de coordinación o dificultades de comunicación tienen también un componente relacional. Un equipo puede contar con responsabilidades claras, procesos bien definidos y reuniones periódicas y, aun así, encontrar dificultades en la ejecución. A veces basta con que dos personas clave eviten hablar con franqueza, que una tensión se prolongue o que alguien prefiera guardar silencio antes que expresar una preocupación.